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Mireya Hernández de Jaén

Autora
Licda. Mireya Hernández de Jaén

Educadora
Exdirectora de la Sede Regional de Guanacaste
Exdirectora del Consejo Universitario
Exviceministra de Educación (1986 - 1990)
Exmiembro de la Junta Nacional de Educación Superior

Grupo de Baile Folklorico

En Guanacaste no había oportunidades de educación, por esa razón realicé mis estudios secundarios en San José, de 1943 a 1947. Llegar hasta allá tomaba dos días de viaje, una parte a caballo, otra en bote y finalmente por tren hasta la capital. Por esta razón debí mudarme a la ciudad. Realicé mis estudios universitarios desde 1947 hasta 1951, y me gradué en artes y literatura de la Universidad de Costa Rica.

Las mujeres debíamos hacer grandes sacrificios si queríamos crecer profesionalmente. En mi caso, yo tuve seis hijos, cuatro varones y dos niñas. Todos esos días viajando, cuando trabajaba para el gobierno, de lunes a viernes, con la mitad de mis hijos en San José y la otra mitad con mi esposo en Guanacaste, requerían también de un gran esfuerzo por parte de él. Los viernes regresaba a Guanacaste para viajar a la capital nuevamente el lunes. Para combinar la carrera profesional con la crianza de los hijos, hay que hacer un gran sacrificio.

En aquellos años, era muy inusual que una mujer pudiera combinar ambas cosas. Tenía que ser una mujer muy fuerte, para viajar a caballo, en bote y por tren. Si quería crecer en el campo profesional, debía mantener el estudio, el trabajo y la familia. La mujer debía estar en el hogar y al mismo tiempo, probar que podía ser profesional, madre y esposa, todo al mismo tiempo.

Mi esposo, Julio César Jaén, siempre me brindó todo su apoyo. Fue declarado ciudadano honorario de Liberia. Si yo tengo 75 años de edad, él tiene 82. Cuando ambos realizábamos estudios en la Universidad de Costa Rica, existía una asociación de estudiantes guanacastecos y mi esposo lideraba el grupo. Se organizaban grupos de danza folklórica y nos reuníamos para leer poesía de autores guanacastecos. Dado que nos habíamos mudado a la capital, teníamos que vivir nuestro Guanacaste en San José.

Se solía recaudar fondos en el tren para los estudiantes, de tal forma que, en el viaje de regreso, no tuviéramos que pagar el tiquete. En esos días, el tiquete del tren costaba tres colones por viaje. Mientras fui estudiante de secundaria, recibía apoyo gubernamental que me permitía mantenerme estudiando. El dinero de mi beca era entregado directamente a la familia con la que vivía, para costear los gastos de alojamiento, alimentación, lavandería, y demás necesidades. Yo nunca tuve dinero, ni siquiera una moneda. Solía dar clases de Español para tener un pequeño ingreso. La única cosa en la que pensaba era en educación, yo quería ser una educadora. Mi madre y mi padre fueron también maestros. Mi padre, Félix Hernández Pérez, escribió la letra del himno oficial de la provincia de Guanacaste.

Los primeros dos años que trabajé, lo hice en una escuela primaria de escasos recursos. Estuve dedicada a niños que no tenían dinero y que vendían lotería y trabajaban después de la escuela. Luego, dediqué 20 años a trabajar en educación superior.

Años atrás, la educación era muy académica, los estudiantes tenían que memorizarlo todo. Si el maestro era inspirador, el estudiante se inspiraba. Era una educación diferente en la que los estudiantes hacían lo que el maestro les indicaba por medio de valores. Ahora, en esta época, tenemos mucha tecnología, libros y textos, más metodología, más formas y técnicas para enseñar a nuestros estudiantes, pero ellos no están tan motivados como antes. En aquellos años, no había libros y había mucho más qué memorizar, pero los estudiantes estábamos inspirados. Hoy en día, muchas cosas son mejores, pero los estudiantes no tienen la inspiración de antes. Los valores eran la disciplina, la obediencia, el respeto; ahora existe más el consumismo, el materialismo, la vanidad y el entretenimiento.

El mensaje es reforzar y apoyar con vehemencia la educación en nuestras escuelas, manteniendo nuestras costumbres y valores. Debemos realizar este esfuerzo de manera que apoyemos los cambios en nuestro entorno, sin perder nuestra identidad. La única forma en la que podremos tener éxito es por medio de la educación. Los valores del ser humano deben estar siempre de primero, luego pueden venir los negocios. El desarrollo vendrá, nuestro reto es no perder nuestra identidad.